Como el vino derramado

Como el vino derramado es mi primera publicación. En ella reúno versos que he ido acumulando desde que empecé a escribir en el colegio, tratando entonces de imitar más a músicos que a poetas. Cualquiera entenderá lo difícil que puede resultar volver sobre el pasado y juzgar, con la mirada y conciencia de hoy, la evolución de una afición que practico desde los trece años. Las dudas sobre el valor del trabajo de uno mismo nunca se superan pero uno aprende a confiar en el consejo y la opinión de los amigos.

Pues bien, tras un ejercicio de distancia y desapasionamiento, he seleccionado y ordenado -- de manera más o menos cronológica -- 35 poemas de los últimos diez años, escritos entre Santander, Segovia, Oviedo, Pescara, Madrid y Edimburgo, con mala letra, probablemente de noche y escuchando a Tom Waits. En todos ellos hablo de lo mismo, pero lo hace una persona distinta.

Todos ellos están escritos con la humildad y honradez de un hombre solo en su habitación, sin más público que la conciencia de uno mismo y con el deseo de un trabajo lo más digno posible. Siempre pretendiendo huir del tópico, desoír los cantos de sirena e intentar --no sé si conseguir-- decir lo mismo pero de un modo distinto. No sé si lo habré conseguido, pero sí es lo que he intentado.

A día de hoy es lo que tengo, espero que lo trates con cariño.

Selección de poemas

INCONTRO

"L’arte di vivere è l'arte di saper credere alle menzogne" Cesar Pavese

Me rozó tu ala de cristal
y se encendió una avalancha sorda,
y doblaron las campanas del mar
enfriando el vuelo en el suelo la ropa,

y se abrazaron nuestros brazos,
nuestras manos, nuestros dedos,
cuando al fin se desataron
las cadenas de tus besos.

Luego nada cambió y todo parecía distinto,
y el verano dejó paso a ese sabor
-sabor frío- de la cárcel del olvido.
El metro separó las estaciones
y me quedé mirando el farol
rojo de tus últimos vagones.

Su eco se perdió en la distancia
y de otras bocas aprendimos la vida.
Separando el trino de la rama
el espejo del tiempo crecía,
pero el recuerdo ya era parte de la piedra
como el vacío del agua que la agrieta.

Casi nada pareció cambiado en ti
al vernos cuatro años más tarde,
la nostalgia hizo niebla de sí
cubriéndonos con su miel la carne
y los párvulos que ayer fuimos volvieron
a soplar las ascuas en que ardieron.

Y volvió a abrazarse nuestra piel,
nuestras piernas y recuerdos
como si todos ellos también
se hubieran echado de menos.

Pero sería un error decir verdad
a lo que solamente es cierto,
y a tu puerta de estatuas de sal
volvió a llamar
como un chaparrón el miedo.

Pero a mí aún me quema la piel
y aún lucho por tus heridas.
El arte de vivir en la vida
es el arte de creer
en sus mentiras.

NIDORINA

A sus pezones que mi lengua dora
se le caen sus aureolas
adolescentes.
Con un pájaro en la boca
era una fruta en la sombra
de lo decente.

Española de piel nipona
se apoyaba en la farola
de El Campa.
Mejor mal acompañada
a que vuelvan solas sus pisadas
hasta casa.

Y al volver al cuarto desde el baño
vi a la partenaire del pecado
casi desnuda.
Al ver el cuerpo bajo en vestido
dio por perdida la libido
a la ternura.

Nunca fue menos santo San Mateo
ni tan cómitre en mi deseo
la locura.
Ni los más fieros animales
vieron tan empañados los cristales
de la jungla.

Y después de los "dioses" y las lenguas
se hizo un porrito de hierba
sobre la almohada,
y entre tanta niebla
la edad era una quimera
tras la ventana.

Por la mañana madrugó
y se largó como un susurro;
no me dijo si Dragó
era íntimo amigo suyo.

HAS PASADO POR MI MEMORIA

Has pasado por mi memoria
como pasa el tiempo por las habitaciones vacías,
preguntándose si alguien le está mirando
o si alguien escucha ya
sus pisadas sobre el polvo.

Traías esa parte de mí que huyó contigo,
y como el azul de un cuadro que no sabe que es un mar
traes también los ecos del olvido,
postales de Shangri-La.

Una vez nos dijimos adiós y descubrimos
que a veces el peligro de mentir
está precisamente en que te crean;
y que hay cadáveres de amor
que siempre estarán calientes.

La vida no siempre te golpea
pero deja que te estrelles contra ella;
a veces pienso en ti y creo
que me he equivocado de vida;

y es que tengo el adiós dividido:
el débil te deja ir
y el fuerte va en contra mío.

VIAJERO QUE REGRESAS

La ciudad me mira con sus mil ojos
de mujer joven que ha envejecido conmigo.
Los dos nos conocemos
y los dos somos alguien nuevo
de quien aprender en qué hemos cambiado,
en qué no nos parecemos ya
a aquella versión más ingenua de nosotros.

Nos parece cínica la vida
porque aprendemos a vivir sin lo que amamos.

Autor

Lucas González de Aledo (Santander, Cantabria, 1989). Licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo. Conductista radical y materialista filosófico, lo que de un modo u otro queda reflejado en su poesía.

Como muchos de su generación, llegó a la poesía a través de la música. Sin éxitos, publicaciones anteriores ni pretensiones literarias, publica en 2017 Como el vino derramado: una selección personal de entre sus poesías de los últimos diez años.

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Asociación Punto Omega

Que yo publicara un libro me ha parecido siempre un poco un ejercicio de vanidad.

A día de hoy, con tantos libros y algunos tan buenos como los hay, con tantos autores tan dotados, con versos tan inteligentes y poemas tan universales y humanos, es ingenuo pensar que alguien --yo-- tenga algo que aportar o alguna cosa nueva que que añadir al inmenso abanico de lo que ya han escrito cualquiera de esos gigantes a los que los demás tratamos de subirnos cada día.

Por eso he pensado que poner el libro al servicio de un bien mayor podría justificar mejor que sea publicado. Los beneficios que se obtengan de la venta del libro serán destinados a la Asociación Punto Omega.

Gracias por tu colaboración.

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